jueves, 26 de agosto de 2010

Chivo expiatorio

Siempre me ha despertado curiosidad la expresión “chivo expiatorio”...


La RAE define al chivo como la “cría macho de la cabra, desde que no mama hasta que llega a la edad de procrear”. Etimología divertida: viene de “chib, voz con que se llama a este animal”.
Expiar (del latín expiare) significa “borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio.”

No debe sorprender, pues, que la expresión de “chivo expiatorio” nazca de un ritual -recogido en el Levítico, tercer libro de la Biblia- del pueblo de Israel en el que el Sumo Sacerdote elegía dos chivos, a los que el azar deparaba destinos muy diferentes: uno se ofrecía a Yaveh y al otro, al chivo expiatorio, se le transferían simbólicamente todas las impurezas del pueblo judío antes de soltarlo en el desierto.

El francés opta por la expresión « bouc émissaire », aunque en español también existe un uso minoritario de “chivo emisario”. En este caso, « emisario » desciende de la palabra latina emissarius: mensajero.

Los alemanes optan por el “Sündenbock”: macho cabrío de los pecados; y los ingleses por “scapegoat”: ¿la cabra del escape?

Al fin y al cabo, la comunidad escapa del castigo, pues es el chivo, el cabrito o la cabra en cuestión (¿el tronco común de todos estos animales sean tal vez su asociación con la imagen del diablo?) es el o la que carga con los pecados en nombre de todos.

El chivo expiatorio es el único responsable de los pecados y, al asumirlos, preserva la inocencia de la comunidad.





Qué asco.

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